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Caricatura del dia

viernes, 21 de diciembre de 2012

De las "Navidades socialistas" a la prohibición de las navidades

Una mujer compra sus mandados en una bodega en La Habana


Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.
La Habana,  21 de diciembre.- En los años 60, Fidel Castro empezó por  restarle virtud a las Navidades para después, en 1967, prohibirlas, y con este proceso destruyó exitosamente estas fiestas, para sustituirlas por la gran "fecha patria" de su vida: el 26 de julio, ataque (en el que no participó) al cuartel Moncada.
Propaganda y coacción masiva dolorosa para un pueblo amante de esa fiesta, ligada en Cuba al sentimiento familiar.
El ataque a la Iglesia católica comenzó en 1959 y se recrudeció en 1960, con movilización de turbas que saboteaban las misas, y cada domingo se apostaban al paso de los fieles y los insultaban (estreno de la vigente farsa de "el pueblo indignado" contra los disidentes).
Hubo momentos, en que muchas respetables señoras católicas, cuando se preparaban para asistir a misa, junto al rosario y el creyón labial, echaban en su cartera un cuchillo, por miedo a una agresión, y los milicianos le hacían guardia a la entrada de los templos registraban las carteras de las mujeres y cacheaban a los hombres.
El Partido, en domingos y en Semana Santa, organizaba fiestas infantiles políticas frente a los templos, con altavoces que transmitían, a todo volumen, himnos revolucionarios y consignas. Los niños fueron instados a estorbar el culto con gritos e incitados a apedrear las vidrieras  cotidianamente.
Los evangélicos, aplaudieron y declararon su apoyo al gobierno revolucionario y a sus medidas; pero, pronto les tocó la misma persecución. El anticristo, ni es mito religioso ni personaje de películas de horror, trata de dictadores que niegan a Dios e imponen la adoración a su propia persona.
Castro, impuso a todos  la disyuntiva de ser, o fingirse ateo, o ser acusado de contrarrevolucionario apátrida, pero la Nochebuena era en Cuba la principal fiesta de un pueblo fiestero, y  como pueblo amante de la familia, reunía a ésta en torno a la mesa con puerco asado, frijoles negros, buñuelos  y vino español.
Asesinada la Navidad, sobrevivía la Nochebuena. Entonces, Castro ideó las "Navidades o Pascuas Socialistas".
En sus discursos, explicó que las Navidades se fundaban en la religión ("opio de los pueblos"), que eran extranjeras, y por tanto ajenas a nuestras raíces culturales -como si no fuéramos nación joven, crisol de culturas de inmigrantes- que, además, eran capitalistas; promovidas para incentivar artificialmente las ventas y que el árbol de Navidad no tenía nada que ver con nuestro paisaje, que debía usarse la palma real, nuestro árbol nacional.
A partir de 1961, aparecieron a la venta junto a postales tradicionales de Pascuas, otras con mensajes de: "Felices Pascuas Socialistas" y "Feliz Aniversario de la Revolución", que mezclaban símbolos navideños con paisajes cubanos, y dibujos de milicianos y militares barbudos; en las tiendas vendieron palmas reales "navideñas" confeccionadas con papier maché.
Esas palmas no se vendieron bien, por ajenas a la Navidad y porque con su tronco liso apenas admitían unos pocos adornos en sus hojas de papel.
Continuaron vendiendo "arbolitos" naturales y abetos de Navidad hechos en papel y alambre, y "nacimientos" con  figuras de yeso  representando al niño Jesús en el pesebre rodeado de reyes magos, pastores y animales; todo esto, hasta la confiscación total de los comercios y talleres en 1968.
En la Plaza de la Revolución, Castro organizó gigantescas cenas de "Nochebuena Socialista" a $10 pesos el cubierto, presidía con su gobierno en la mesa más alta y la cena era televisada con comentarios laudatorios en las voces de populares presentadores de TV.
El orden, en torno a las mesas, era custodiado por militares con fusiles al pecho, que no lograban impedir que se produjeran algunas peleas tumultuarias.
El 31 de diciembre, la fiesta en espera del año nuevo, Castro la transformó en festejo por el aniversario del “triunfo de la Revolución”  hasta el presente. A las 12 de la noche cesa toda programación de TV o radio, para transmitir un comunicado político con imágenes gloriosas de Castro.
La escasez hizo el resto, hasta la prohibición oficial de celebrar las Pascuas en 1967, alegando el luto por la muerte de Ernesto Guevara, el Che.
A causa de la escasez, desde 1964 los productos quedaron regulados por la cartilla de racionamiento. En Navidad, el Gobierno vendía productos españoles de consumo tradicional en esas fiestas: Nueces, avellanas, vinos, uvas, manzanas, castañas, turrones.
Los niños, perdieron la ilusión de que el 6 de enero, mientras dormían, los reyes magos les traerían  juguetes, porque vieron a sus padres hacer cola durante días, durmiendo en los portales de las tiendas, para comprar tres juguetes: Uno "básico, (más importante), como: una muñeca o bicicleta (imposible comprar ambos) y dos "adicionales", una pelota, canicas.
No había ningún "bloqueo" al comercio con España, pero diciembre tras diciembre el Estado mermó ese abastecimiento por serle gravoso, por su ineficiencia económica; hasta que Castro eliminó gasto y fiesta en 1967, con el pretexto del luto por la muerte de Ernesto Che Guevara. De paso eliminó los carnavales de 1968.
La Navidad, como fiesta familiar, no podía sino sufrir la política de destrucción de la familia: Castro generalizó desde 1966 el envió temporal de los escolares como peones agrícolas: "para que se formen, y se hagan hombres lejos de los padres, que por su formación pequeño burguesa no pueden formar el hombre nuevo".
Generalizó la radición de los menores en escuelas en el campo, con sistema de internado, y el Servicio Militar Obligatorio para los varones mayores de 16 años, y las movilizaciones de grandes contingentes de trabajadores para el corte de la caña y otras tareas agrícolas en 1968, 1969 y 1970.
Proclamó Fidel Castro a 1969 el "Año del esfuerzo decisivo", tendríamos en 1970 una zafra gigantesca con producción de diez millones toneladas de azúcar, primer paso para la primacía mundial en ese mercado y para salir del subdesarrollo, bajo la consigna "Construiremos el comunismo paralelamente al Socialismo".
(Imitación de la fracasada "Política del Gran Salto" de Mao Zhe Dong; ya en 1968 había imitado la "Revolución cultural" con "la Ofensiva revolucionaria", que confiscó toda la pequeña empresa, con prohibición de oficios independientes: El golpe demoledor a la economía).
En 1969, en uno de sus interminables y aburridos discursos, repitió sus argumentos sobre el carácter oscurantista religioso de la Navidad, costumbre extranjera ajena a nuestra cultura, y la prohibió por la necesidad de dedicar esfuerzos, en esos días, al corte de la caña sin interrupción por las fiestas, y afirmó que el día 26 de julio tendríamos una mejor celebración.
Así, muchos hombres y niños no estaban con su familia el día de la proscripta Nochebuena, que devino en un día laboral cualquiera sin otra significación que la nostalgia de los que recordábamos la fiesta, y la devoción de los pocos que asistían a la Iglesia. En 1973 o' 75 ví una misa de Navidad en La Milagrosa con 7 asistentes, contando al cura y a mí, que era ateo.
Muchas madres, guardaban un poco de frijoles y de pollo del que les tocaba por la cartilla de racionamiento o procuraban comprar algo extra para brindar el 24 de diciembre (a escondidas) una comida mejor. El campesino conservó más la costumbre, y hasta hay testimonio del "decomiso", por parte de los militares, de un puerco asado. Si se fiesteaba el día 31, no era para celebrar el fin de año, sino para festejar el  “triunfo de la revolución”, y la Epifanía, el día de Reyes, pereció por falta de juguetes. Muchos regalaban el 31.
Las nuevas generaciones, no tienen sino una vaga idea de la Navidad, que empezó a resurgir con la dolarización de la economía y los viajes al extranjero, y después con el acercamiento masivo a las iglesias durante los años 90, hasta su autorización -como día feriado- en 1998 como obsequio al papa Juan Pablo II, confirmado luego a Benedicto XVI por componendas politiqueras.
Siempre, como cuando nació Jesucristo, la multitud y los importantes no se enteran, o se enteran y no lo comprenden, y Herodes se sobresalta y procura matarlo.
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