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lunes, 19 de noviembre de 2012

Rehabilitación no es castigo, no es torturar, ni asesinar

Por Jorge Alberto Liriano Linares/ Hablemos Press.
Camagüey.- El sistema penitenciario cubano no reeduca, y mucho menos rehabilita, por estar concebido como un castigo donde se desestiman las reglas mínimas internacionales para el tratamiento  a los reclusos, ni se respetan las normas y principios  desarrollados por la ciencia penal; de hecho, las prisiones cubanas carecen de condiciones para la vida humana y se hacen patentes los altos niveles de hacinamiento e insalubridad extrema, por la carencia de agua potable, avituallamiento y aseo personal.
La rehabilitación, en las cárceles de la isla, se define como un castigo: imperativo de la corrupción, la violencia incontenible, los maltratos físicos, las torturas, la discriminación, la humillación sexual y el tratamiento brutal en detrimento de la integridad y dignidad humana de los sancionados.
Cada año, se suman nuevas víctimas a la barbarie ultrajante del sistema carcelario de la isla, donde la cifra de muertes resulta incalculable y alarmante, además de la represión sin precedentes donde predominan las salvajes golpizas,  acciones que constituyen un bandidaje abierto, por lo que la máxima dirección del país guarda un silencio que tiene mucho de complicidad y de complacencia.  
El flagelo del hambre es otra de las formas de castigo que predomina en el interior de las cárceles cubanas; lo que ocasiona está situación perversa, es la falta de sensibilidad de los militares hacia la raza humana, que no consideran como seres humanos a los presos.
Sin lugar a dudas, la ética que prevalece en el Ministerio del Interior es egoísta y excluyente. En la raíz del flagelo del hambre existe una inhumanidad básica, al racionalizar y desviar los alimentos destinados a los sancionados, todo esto ligado a los abusos de poder el uso de la fuerza al servicio de intereses personales y mezquinos de los militares.
Es por eso,  que tanto se escuchan los gritos desgarradores  de miles de hambrientos y desnutridos; de miles de lesionados por el crimen despiadado; de miles de enfermos incapacitados, invidentes y enajenados mentales; miles de asesinados y desaparecidos, que brotan y suben continuamente a los cielos implorando piedad, justicia y respeto por sus derechos, sin que existan medidas eficaces de parte alguna que hagan callar ese clamor.
Por todo ello, hoy podemos decir -sin temor a equivocarnos- que después de 53 años de dictadura  socialista, la rehabilitación tras los muros de las cárceles cubanas sigue siendo un desafío ético y político; una de las mayores injusticias sociales engendradas por el sistema que continúa siendo un insulto a la conciencia de la humanidad.
El sistema penitenciario cubano, puede ser tipificado como la forma de violencia más cruel y asesina de la historia de la humanidad; los barrotes de las cárceles cubanas se estremecen hoy ante tantos gritos de dolor, crueldad e injusticia.
Resulta muy difícil comprender, cuál será el concepto o la definición de rehabilitación para  los revolucionarios de la isla; dónde están los valores humanistas de los que tanto se vanaglorian. 
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