Agencia de Prensa Independiente

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martes, 27 de noviembre de 2012

martes, noviembre 27, 2012


Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.

La Habana, 27 de noviembre.- Para existir, independientes del Estado, las Iglesias necesitan ser sostenidas económicamente por sus fieles, quienes con su contribución mantienen el culto y se proyectan con obras benéficas hacia el resto de la sociedad.

Durante el siglo XIX, la Iglesia católica, bajo el patronato del estado español, y con rentas y propiedades, sostuvo en Cuba la Casa de Beneficencia -orfanato de La Habana- y otras obras de asistencia a los pobres.

A inicios del siglo XIX la iglesia retiró a los capellanes de las haciendas, con lo cual grandes áreas rurales quedaron sin servicio religioso, lo que permitió -a finales de ese siglo e inicios del XX-, que las iglesias evangélicas se establecieran en esas zonas”. (Moreno Fraginal, "El Ingenio").

En 1899, con la independencia de Cuba, sobrevino la separación de la Iglesia del Estado; cesó su condición de única iglesia legalmente permitida y se establecieron las evangélicas, que al desarrollarse establecieron también obras de servicio a los necesitados.

Los fieles, costearon el culto católico, o el de la iglesia de su preferencia.
Durante el siglo XX las iglesias sostenían económicamente escuelas para niños pobres y una red de escuelas privadas para clases medias y alta; la Masonería (asociación no confesional), por su parte, mantenía también un asilo para ancianos y huérfanos; escuelas, dispensarios médicos gratuitos y otras obras benéficas.

Con la llegada al poder de Fidel Castro, iglesias y creyentes fueron perseguidos; el Estado confiscó escuelas y obras y asumió su dirección. A partir de 1959-1961 los templos se vaciaron, quedando un exiguo remanente de fieles que afrontó las consecuencias de confesar su fe y continuar asistiendo.

El Estado, proclamó que ampararía a todos los necesitados y que la beneficencia privada era hipocresía burguesa; y en los primeros años, dedicó grandes recursos a ello.

Además de prohibir a las iglesias la práctica de sus acciones benéficas, éstas, perdieron capacidad económica para realizar sus obras, por la reducción de su membrecía que, además, perdió solvencia y emigró masivamente; le fueron confiscadas escuelas y de viviendas de su propiedad cuyo arrendamiento le garantizaban una mensualidad decorosa. La Ley de reforma urbana confiscó todas las propiedades, y la Iglesia católica no fue la excepción.

Todo ello, obligó a la iglesia cubana a depender de la ayuda económica de instituciones religiosas de otros países y del estado anti-cristiano que fiscaliza estrechamente la vida eclesial y es el único que autoriza reparaciones, construcciones, venta de materiales e impone sus cuadrillas de constructores.

Sistema de "palo y pan", encaminado entonces a destruir y posteriormente controlar, desde sus direcciones, a las iglesias, con lo cual destruye mejor.

La crisis del Régimen, a mediados de los 80 y durante los 90, influyó en la afluencia masiva a las iglesias. El Estado, impotente para impedirlo, controló el fenómeno a su favor para beneficiarse de los donativos extranjeros y propagandizar su "tolerancia" como signo de "cambio".

La Iglesia Católica, fue la primera en crecer y organizar servicios sociales. Luego, y sin aventajarla, otras denominaciones.

Pero debido a la depauperación de los salarios, el crecimiento de las iglesias (decreciente desde los 2000, en beneficio de las religiones de origen africano) no significó capacidad económica para éstas, que dependen más de donativos extranjeros y de sus autorizaciones y manejos por el Estado.

Junto a buenos cristianos, minan a las iglesias "conversos" por codicia de la bolsa mensual de alimentos y donaciones de ropa y zapatos; otros, colocados por la policía política, o captados por ella por ser ladrones, dividen y trepan a puestos de dirección.

Y el Estado, manipula las necesidades constructivas de las iglesias y de sus obras benéficas y la ambición de recibir donativos y permisos para viajar, para exigirles a los pastores fidelidad política.

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