lunes, 1 de octubre de 2012

A quien le sirva el sayo….

Por Ernesto Aquino/ Hablemos Press.


La Habana.- Yo no creo en la ignorancia de los intelectuales (por mediocre que sean), ni creo en la estupidez de los que apoyan las causas perdidas que se sostienen con fusiles y cañones.

Lo que no necesita ser explicado -porque es demasiado obvio- es la cobardía y el complejo de inferioridad que padecen todos los espíritus miserables que se revuelcan en la desfachatez de los desgastados y archiaburridos discursos oficialistas para justificar, desde las motivaciones de su moral abofeteada, todas las atrocidades de un régimen desvergonzado que ha sacrificado -hasta con sacrificio de muerte y sin que le tiemble una sola fibra de su tripa carroñera- toda la fe desprevenida de un pueblo que, ingenuamente, se entusiasmó con la histeria de un hombre sin infancia que castigó la patria por el desprecio a que lo sometió su condición de bastardo.

Cualquier persona que, medianamente, aprecie el valor del respeto, y cuánta representatividad tiene en la credibilidad de las causas que defendemos, no se crucifica sirviendo incondicionalmente a los desmanes de una ideología fundamentalista cuyo fracaso fue ratificado durante la celebración del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, cuando su presidente, el General en armas Raúl Castro Ruz, heredero por izquierdopropio, confesó que no se había cumplido uno solo de los acuerdos que se habían tomado en los cinco congresos anteriores, -y en cada congreso se tomaban trescientos acuerdos-; es decir, durante cincuenta años se habían realizado cinco congresos, se habían tomado mil quinientos acuerdos y ¡Qué horror! Ni siquiera uno solo de ellos se cumplió.

Entonces, Cómo fue que se pudo construir el socialismo (que ya sabemos que comenzó a construirse 25 años después de haber sido proclamado: Recuérdese aquel luctuoso 26 de Julio, cuando el enemigo público número uno, en jefe, le comunicó al pueblo de Cuba y al mundo: ¡Ahora sí vamos a construir el socialismo!). Cómo puede construirse una sociedad, gobernada por una ideología que no es capaz de crear conciencia sobre la importancia del cumplimiento de los acuerdos que se toman al más alto nivel y de los cuales depende el destino de la nación; pero eso no es lo único grave.

Lo más condenable -¡y mejor me reservo la pena que se merece!- es el empobrecimiento, a todos los niveles, con el que ha tenido que pagar el pueblo cubano la esquizofrenia de un hombre inescrupoloso y sin talento, cuyo único acierto fue su alianza con otros criminales de lesa humanidad, que lo ayudaron a realizar sus sueños apocalípticos de destrucción y muerte, proporcionándole todos los medios y recursos necesarios para arruinar el proyecto martiano de una América feliz.

Mientras el demente en jefe se asociaba, apoyaba, y justificaba  todos los actos criminales del comunismo internacional, como la invasión militar de la Unión  Soviética y sus aliados del Pacto de Varsovia a Checoslovaquia, en agosto del año 1968, o la represión, en Junio de 1989, llevada a cabo por el gobierno chino, contra las manifestaciones democráticas en la plaza de tiananmen, donde murieron alrededor de 800 civiles, y entre 7000 y 10000 resultaron heridos; mientras se solidarizaba con movimientos terroristas de corte marxista-maoísta como Sendero Luminoso, el movimiento de los Túpac Amaru, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional(FMLN), (fundado en octubre, por instrucciones directas de Fidel Castro) ¡La lista sería interminable!.

Mientras toda la astronómica “ayuda” Soviética era desangrada por la política sanguijuela del gobierno de Cuba, que consagraba todos sus esfuerzos a organizar, entrenar y financiar movimientos guerrilleros
generadores de terror y muerte, el pueblo cubano debía responder
-con sometimiento de cordero- a los llamados a la austeridad y el sacrificio eterno para salvaguardar las conquistas de un socialismo que no socializó jamás con el mundo real -aunque la historia ha demostrado, hasta la saciedad, que la existencia del socialismo depende de la promesa que no se cumple.

El socialismo, es la mentira institucionalizada; el fraude, uniformado
de pólvora y garrote que tiene que engañar, matar y destruir porque no puede convencer.

Se acabó el monopolio del periodismo de élite, traidor a la verdad, que alimentan las tiranías totalitarias tras decapitar la prensa libre; se acabó el miedo que amamantaba los silencios cómplices. Cada día somos más los soldados de la palabra que no pedimos permiso para ejercer nuestro derecho a expresarnos e informar libremente, y todos los polichinelas -asustados y envilecidos- que quieren seguir reverenciando las absurdas trincheras de piedras, tendrán que aprender a soportar la presencia de la luz de los que estamos ¡En pie, en esta Cuba de todos! defendiendo la VERDAD, la LIBERTAD, y el DERECHO A LA VIDA.

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