miércoles, 19 de septiembre de 2012

Hasta al idioma lo corrompen revolucionariamente

Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.

La Habana, 19 de septiembre.- Nuestros prohombres proclaman que somos la nación "más culta del mundo" -negándose a ver el colapso del sistema educacional, manifiesto en creciente analfabetismo funcional,  dificultad de expresión y análisis, y en cero hábito de lectura de las nuevas generaciones.
Pero, ya sea que nuestros salvadores no tuvieron tiempo para hacerse cultos, por sacrificar sus vidas por la "Revolución", o porque son incultos por deber proletario, o por innato amor a la incultura, corrompen "revolucionariamente" el idioma.
No ya con barbaridades en sus discursos del calibre del "discutimos a calzón quitado" que proclamó el 26 de julio el general Raúl Castro -expresión correcta literalmente, muy incorrecta en todo otro sentido (especialmente en el sentido equívoco)- sino con la imitación de absurdos lugares comunes hijos de malas traducciones del  Inglés que los medios ponen de moda.
(Idioma Inglés del que deberían recelar por su enemistad con el imperialismo y la globalización).
Si destruyeran  el Idioma Español por motivos revolucionarios se limitarían a  cumplir con su vocación y experiencia de destruir, pero es un contrasentido que la nueva clase no tome de la globalización -sino consuma en privado- el progreso y si tome los idiotismos verbales.
No hay que ser académico de la lengua para sopesar con prudencia las formas de decir novedosas. Simple: si siempre lo oímos decir de una manera, no tenemos porque empezar, sin más, a decirlo de otra que no aporta y no conocemos, y para saber qué novedad es ajena al Español basta con informarse antes de  hablarla desde la tribuna, el púlpito o la pantalla de TV.
Para no referirse al público en un discurso, con esas  cadenetas de "hermanos y hermanas", "niños y niñas", el ridículo "nosotros y nosotras", por la sencilla razón de que el plural masculino ("hermanos", "niños", "nosotros") incluye a ambos sexos.
Los "problemas de género" tienen otro problema: En Español  no existen "géneros" para referirse a sexos, y el origen de esa moda de hablar de los "géneros", para significados ajenos a esa palabra, proviene de la mala traducción de un documento de la ONU sobre "Violencia de géneros".
El clero, muestra tener más fama de instruido que verdadera instrucción  cuando prohija esos errores -incluido el Cardenal Jaime Ortega-  y ya los hay que por no quedarse atrás alteran el texto de la misa con el "hermanos y hermanas" e "hijos e hijas".
Es típico del clero, y lo generalizan los medios, el leísmo, es decir, aplicar el artículo "le" donde corresponden otros artículos como "lo", ejemplo "le invito" en lugar de "lo invito"; el leísmo es defecto propio del habla en España, es legítimo en el idioma Francés, por desgracia figura en los misales en uso.  Ahora locutores y jefes lo aplican porque… suena elegante.
La Lengua es viva y el uso popular la renueva, eso es sano, lo que no es sano y va contra la Lengua es que un locutor o figura pública diga un error, porque le parece más bonito, y se ponga de moda porque el pueblo, que no pensó que un locutor o figurón puede hablar incorrectamente, resultó "víctima colateral"
Ejemplo: Media Cuba dice: "desde ya", como imperativo que pondera la urgencia para hacer algo, y lo dice desde que se lo oyó a la protagonista de la telenovela colombiana "Café con perfume de mujer".
Palabras correctas que nadie empleaba y vi ponerse de moda al instante debido al poder de los medios, fueron: "opción", que la trajo a Cuba en los años 90 Frei Betto y, "apetece", tomada de la serie inglesa de comedias "George and Mildred".
Verbo correcto que ahora  !rechazan!,  es "oír", ahora "lo que está en onda" es su sinónimo "escuchar" -Y es cuestión de tiempo y malos doblajes del Inglés que en vez de "¿Qué me miras? No me mires", la gente diga "¿Qué me ves? No me veas".-Imposible ser un buen traductor sin dominar, como buen lector, el propio idioma.
Ahora, todo es "carismático", no basta que alguien tenga gracia o encanto, la grandilocuencia lo gradúa de carismático, tenga carisma o no, tan extraordinaria era la palabra hasta hace una década que cuando en "Mary Poppins" (1964) quisieron crear una palabra extravagante la compusieron a partir de "súper-carismático…".
Hoy "gran" y "grande" quedan pequeños, todo tiene que ser "súper" y empequeñecido a su vez "súper", ahora es "mega" y "súper-mega" y he oído…perdón, escuchado, calificar de carismático a un programa de TV y hasta a un objeto.
Nadie canta "un solo", nadie anda solo, sino "en solitario" y para los programas de TV que ocupan horas de la tarde y de la noche inventaron una nueva división del día: "la tarde-noche".
Existe un lenguaje oficinesco y profesoral  cuyo objetivo parece ser demostrar sapiencia con el rebuscamiento de los términos; así, donde debieran  decir -por ejemplo- "métodos", dicen incorrectamente "metodología" , aplican "logías" similares a todo y suman los "ando", "iendo" característicos del recargamiento de gerundios de ese "estilo".
Los carteles y titulares de periódicos confunden a todos cuando prodigan las mayúsculas incorrectas. Y la "Revolución", con tantos eventos al año, los escribe todos a lo extranjero, ejemplo: "VI Congreso de…", "52 Aniversario de…", cuando lo correcto es:"Congreso VI de…" y "Aniversario 52 de…".
Además de la supuesta elegancia de las palabras que oímos a extranjeros y repetimos, sin razonar si son correctas o erróneas, otra causa latente en la adopción de nuevas voces es fingirse popular o amante de lo popular, tomando por "popular" lo populachero: Hacerse el vulgar como gracia para halagar demagógicamente al pueblo que realmente no conocen.
Tales son las vulgaridades de los discursos de los dirigentes y tal fue la promoción por la prensa, y hasta por el clero, del término "Cachita" para referirse a la Virgen de La Caridad, cuando ningún creyente ora o se refiere con ese irrespeto a la Virgen, salvo por broma excepcional que no pega a periodistas comunistas que han atacado la Fe, y menos a ningún cura.
Lo opuesto, ocurre en la prensa plana con artículos de fondo, de lenguaje tan rebuscado que no comprenden ni los lectores cultos, tal vez por tener que inflar el periodista un par de columnas sin tener nada que decir o por el habitual ocultar hechos escribiendo confusamente, de lo cual son ejemplo las notas de prensa sobre el cólera y sobre el arresto de disidentes en la Basílica Menor de la Caridad, y los barrocos discurso y periodismo católicos en Cuba (y hasta en el Vaticano).
Hablar y escribir confusamente, con la innegable intención de no ser comprendidos, no sólo es contra el idioma, sino contra la ética ( ¿Se fijaron que ya no se dice "moral" sino "ética" que suena más fino, o "valores" que suena como a avergonzarse de hablar de moral, puesto que el sentido original es "valores morales"?).
En Cuba, la propaganda difunde los eufemismos para que las cosas parezcan otra cosa y no lo que son: Ejemplos, en lugar de "crisis", "periodo especial", en lugar de "reformatorio", "escuela especial", en lugar de "aplazamos resolver el problema, "estamos estudiando el problema"; cuando la policía roba a un ciudadano, "decomisa" y si roba a un recluso "requisia"-error por "requisa".
El hablar o escribir impreciso es imprescindible para todo charlatán, que siempre listo a incumplir y desdecirse necesita que no lo entiendan y que sean posibles varias interpretaciones.
Y ese "estilo" tan típicamente "revolucionario" y clerical evidencia un gran desprecio por la inteligencia del público.  Eso malo es lo que tiene de bueno: Es un boomerang; el público más iletrado descubre la trampa y retorna el mismo desprecio a los Cantinflas.
Estos fenómenos ocurren en el mundo entero, mas la diferencia en Cuba es que un profesor o periodista podría aclararle al público los errores de este tipo, pero cuando los comete el Jefe de Estado, la princesa Mariela Castro y documentos del Gobierno… -! Su madre el que hable!- Callan por miedo, o los acallan privando al guapo - si existe - de espacio para contrarrestar los errores.
Prueba no gramática de esta regla es que el Historiador de La Habana, Eusebio Leal Spengler, se equivocó al referirse como "San Francisco de Asís" al convento del siglo XVII que realmentese llama San Francisco Javier o San Francisco "el viejo"(el convento de San Francisco de Asís es otro, conocido como San Francisco "el nuevo") y el error triunfa en anuncios, mapas turísticos y los medios, sencillamente porque "es mejor torcerla que enmendarla".
Otra prueba, es que con una prensa pésimamente escrita, en el periódico Granma, la sección más minúscula, y la única que no sale fija sino de limosna, cuando le parece al jefe, es "el español nuestro" (así, con la falta de ortografía de minúsculas en el título, ahorrándose las dos "e" mayúsculas) a cargo de María Luisa García, que trata instructivamente, brevemente, "ninguneadamente", del significado correcto de alguna palabra.
Como si refrescara el desierto con una gota de agua. - Reconocimiento de parte de la prensa de un amor oficial a decir mal, parejo al temor de que se lo señalen.
Ahora que tomé prestado a los mexicanos el verbo "ningunear", recuerdo que los medios popularizan  expresiones mexicanas no tan felices como: "A como dé lugar" -por "de cualquier manera"; y adoptan el "a por ello" de los españoles- creo que ya validado por la Academia de la Lengua, pero ajeno al cubano, a cuyo oído suena bien feo.
En un país donde "el hombre nuevo" -y aún el viejo- si es periodista, locutor, obispo o gobernante aprende a hablar en las películas y telenovelas extranjeras y no en los libros; y si es un joven común, adopta la jerga de la cárcel, escuela por la que rota un 1% de la población; ello expresa, que no prima la altura de cultura que sus gobernantes le pregonan, sino la marginalidad social que le imponen.

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