martes, 18 de septiembre de 2012

Giustino Di Celmo: El dolor, la complicidad y los intereses

La Pizzería de Di Celmo en 17 y J. Foto: Magaly Norvis.

Por Ernesto Aquino/ Hablemos Press.

La Habana, 18 de septiembre.- El 4 de septiembre se cumplieron 15 años de la muerte de Fabio Di Celmo, un joven italiano que perdió la vida como consecuencia de la explosión de una bomba colocada en el hotel Copacabana.

No es necesario un alarde de humanismo para condenar el atentado terrorista –contra la instalación- que se cobró la vida de este joven inocente.

Es dolorosa, la muerte de cualquier inocente; es profundamente dolorosa y lamentable. Arde, como llama de infierno, dentro del pecho sacudido por el inmenso pesar.

Pero Fabio Di Celmo no era el objetivo. No se trataba de una venganza personal, ejecutada en el clásico estilo siciliano de los años
Veinte, como parte de un ajuste de cuentas.

Fabio fue un daño colateral; una víctima de la política de enfrentamiento de las mafias comunistas, que a lo largo de la historia ha destruido la vida de millones de seres.

Por eso, resulta bochornoso que su padre, el señor Giustino Di Celmo, haga causa común con el régimen cubano y se sume a la carroza de sus histéricos reclamos para que liberen a los cinco espías que cumplen sanción en cárceles norteamericanas.

Di Celmo padre, parece ignorar (deliberadamente) que René González, uno de los cinco terroristas cubanos encarcelados, es el máximo responsable del derribo –en pleno vuelo- de dos avionetas civiles pertenecientes a la organización Hermanos al Rescate, donde perdieron la vida ¡cuatro jóvenes inocentes!, tan inocentes como Fabio; jóvenes que dedicaban su precioso tiempo al rescate de cubanos que huían de la isla en frágiles embarcaciones, arriesgando sus vidas, para tratar de alcanzar tierras de libertad.

Esos jóvenes, también tenían familia; esas familias, también sintieron en sus almas los glaciares del dolor infinito, ¡y están clamando justicia!, como los familiares de las víctimas del remolcador 13 de Marzo, aquella embarcación que Fidel Castro mandó a hundir con 72 civiles a bordo, donde perecieron 41 personas, de las cuales 11 ¡Eran Niños!; criaturas, mucho más inocentes que Fabio.

En cuanto a las razones del nonagenario italiano, para permanecer en Cuba, (según él, le parece que su hijo camina por las calles de la habana) algo de credibilidad hubieran podido tener; pero, una pizzería es un negocio demasiado rentable, sobre todo en un país donde el Estado no ofrece alternativas viables para resolver los crecientes problemas de la alimentación, y aunque los precios están fuera de la realidad del cubano promedio, Cuba es un país “mágico” donde el “invento” suple multitud de pecados.

Sin embargo, las razones de Giustino van más allá de su Pizzería y su restaurante, ubicados en 17 y J, en el Vedado. Además de sus homenajes cinco estrellas a la memoria de su difunto hijo, este patético comodín italiano sirve como un soldado, a la Cosa Nostra del comunismo caribeño; quién sabe, quizás esa modesta contribución a que la tiranía llene de luto los hogares cubanos lo haga sentir menos solo.

Cuestión de solidaridad, intereses mezquinos, y sobre todo, falta de escrúpulos y de vergüenza.


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