jueves, 27 de septiembre de 2012

ÉL, ERES TÚ; SOMOS NOSOTROS: ¡DALE TU MANO!

Por Ernesto Aquino/ Hablemos Press.


La Habana.- La alegría del cubano no necesita una motivación. Lo mismo que se ríe de un acontecimiento feliz, lo hace también de sus desgracias o las desgracias ajenas. Su alegría no tiene compromisos. Es como un lujo irritante que se puede permitir sin levantar sospechas; y es también, su pequeña venganza.

A través de la alegría, el cubano ridiculiza las prohibiciones, reduce la presión de sus necesidades y sufre menos su libertad condicional. Y no tiene importancia que sea una mentira, no se siente afectado por saber que su alegría no es real; él vive rodeado de "cosas" que tampoco existen: Las Libertades individuales, los derechos naturales, la justicia, y otros etcéteras civiles.

A veces se piensa en el cubano como en un "animal de sacrificio", siempre dispuesto a ceder sus espacios vitales para que sus reclamos no estorben esas ilegalidades en legítima defensa con la que se ve obligado a confraternizar para sobrevivir.

Pero el cubano es mucho más que un montón de miserias humanas, acorraladas por la desesperación y la tolerancia embaucadora; no es sólo el ciudadano atrapado en el delito consentido y la apatía irresponsable.

El cubano, es la víctima sublime; el prisionero, de la cruz donde clavaron a las águilas de sus bondades naturales para que no quedara, de aquel inmenso vuelo de su energía incomparable, sino los tristes ripios de una existencia sometida.

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