jueves, 27 de septiembre de 2012

El Bloqueo

Por Pedro Argüelles Morán.

Ciego de Ávila.- El tan manipulado embargo, económico, comercial y financiero, del gobierno de los Estados Unidos contra el régimen comunista tropical, -en mi criterio- no tiene ninguna responsabilidad con la tremenda miseria material, moral y espiritual que impera en Cuba, porque tan paupérrima situación sólo ha sido generada por la perversa manera de imitar, deliberadamente, el frustrado modelo marxista-leninista, y esa fatal lealtad al máximo líder que ha reinado por más de cinco décadas en el palacio de la “revolución”; todo esto, asociado a la ineficiencia, a la irresponsabilidad, a la galopante corrupción administrativa a todos los niveles, a la enajenante negligencia burocrática -generalizada a lo largo y ancho de la isla prisión- en fin, a la bochornosa dilapidación de la riqueza nacional, en manos de una inescrupulosa élite que se ha adueñado del país.

El verdadero -y único- bloqueo que existe en la patria de José Martí, lo tiene impuesto el régimen totalitario castrista, desde su funesto inicio, contra los derechos y libertades inherentes a la dignidad de la persona humana; por tanto, él es el gran culpable de que los cubanos malvivamos en nuestra patria y no podamos desarrollar nuestras  potenciales capacidades e iniciativas, tanto en lo económico como en lo político y social.

El Embargo económico le ha servido a los amos del citado bunker de la intolerancia sistemática, y la represión institucional, para justificar sus reiterados malsanos errores y horrores, y sus antidemocráticas e impunes atrocidades a los valores humanos.

Sólo los tontos útiles, son capaces de culpar a foráneos por los constantes fracasos y la gran tragedia nacional que representa el régimen castrista, absoluto responsable de todas las miserias que padecemos los habitantes de este archipiélago caribeño, y que para poder deja atrás tanto enquistamiento y desastre del sistema comunista, y sacar adelante nuestra extática nación, se vine generalizando una auténtica y pacífica lucha civilista, en pos de alcanzar la tan urgente y necesaria transición a una nueva república que sea “con todos y para el bien de todos”, como tan magistralmente nos convocara nuestro apóstol de la independencia, ya que con la consagración del ideario martiano se hará realidad el imperio del estado de derecho en la mayor de las Antillas.

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