jueves, 9 de agosto de 2012

Revolución y relatividad en Cuba del vocabulario político (II Parte)

Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.


La Habana.- Sea cual sea la definición de revolución que empleemos para comprender la historia del medio siglo castrista y la sociedad que "parió" esa era, y el marco cronológico de esa revolución: Desde hace varias décadas el gobierno de Cuba no es revolucionario sino conservador y francamente reaccionario y antinacional.

E incapaz de conservar un buen sistema de salud y escolar, y mucho menos justicia social -incompatibles con la miseria y la arbitrariedad legal- sobrevive meramente para conservar a una camarilla geriátrica en el Poder.

La revolución socialista fracasó, como fracasó donde quiera que hubo revoluciones similares, tuvo éxitos temporales y aparentes, amamantada por el petróleo y los recursos soviéticos. Hoy sobrevive como gobierno recostado de Hugo Chávez y  en mil trapisondas con los capitalistas extranjeros.

El carácter nacionalista de esa revolución también fracasó con las descocadas invitaciones a capitalistas de todos los pelajes para que inviertan en Cuba y el increíble apartheid, la discriminación del nacional en hoteles y hospitales exclusivos para extranjeros.

El anti-capitalismo de estos comunistas se limita a que en Cuba puedan invertir y amasar capitales todos los extranjeros que quieran, pero ningún cubano.

Aunque les pese a muchos intelectuales de izquierda extranjeros que por fanatismo sincero pero necio -no hablo de los canallas sino de los honrados- apoyan a la camarilla de Cuba, se niegan a analizar lo que ocurre y con rigidez mental de libreta cuadriculada juzgan todo de reaccionario o progresista según prejuicios de la década de los 60.

Según Marx, Engels y Lenin, la revolución proletaria significa un inmenso desarrollo de las fuerzas productivas al abolir revolucionariamente las relaciones de producción capitalistas que frenan ese desarrollo.

En Cuba, "por obra de la Revolución", el proletariado desaparece con la industria, el lumpen-proletariado aumentó hasta constituir mayoría social, la destrucción de fuerzas productivas y de la cultura material y espiritual es equiparable a la de un país bombardeado e invadido, la población disminuyó peligrosamente por evitación de nacimientos, aborto masivo e inmigración.

Todo porque esa revolución estableció unas relaciones de producción -relaciones de propiedad, legislación- que no sólo frenan el desarrollo de las fuerzas productivas sino que las destruyen. Si resucitan Marx, Engels y Lenin negarían todo vínculo entre sus doradas utopías y esta realidad.

(Y la Seguridad del Estado los metería presos por contrarrevolucionarios, para luego sacarlos en televisión pidiendo disculpas y arrepintiéndose).

En esta realidad, "gusano" y "contrarrevolucionario" cambian su sentido peyorativo y comienzan a ser apelativos honrosos como ocurrió con el originalmente despectivo sobrenombre de "mambí" aplicado a los independentistas del siglo XIX.

Y "revolucionario" pasa a ser algo denigrante, asociado a hipocresía política; sinónimo de aprovechador y chivato. -Desgraciadamente, por el abuso propagandístico, ocurre también esta depreciación con los conceptos "patria" y "patriótico".

Conviene precisar los conceptos: El Gobierno -no importa su discurso y las auto calificaciones con que embellece su podredumbre- es conservador, reaccionario, antinacional, defensor de privilegios de una nueva clase incapaz de construir y que -como esos pájaros que anidan en nido ajeno- desde las mansiones que construyó la burguesía antes de 1959 agostaron parasitariamente la prosperidad de Cuba e incumplieron todas sus promesas de progreso y libertad nacionales.

No puede ser calificado como revolucionario ese gobierno, ni como contrarrevolucionarios quienes se le oponen. Antes bien -y quitándole lo que de denigrante han acumulado sobre el concepto "revolución"- los revolucionarios de hoy son los opositores.

Nos choca porque con ese sacralizado nombre nos esclavizaron para hacernos libres y descarrilaron a Cuba a la cuneta de la civilización, desde donde, en supervivencia,  vemos pasar hacia el progreso y dejarnos atrás a cientos de países más atrasados que Cuba en 1959.

La gerontocracia en su tozudez es incapaz de reformar su nefasta obra porque le costaría el poder, gana tiempo para morirse sin rendir cuentas e impide eficazmente una revolución que los barra; pero a la vez provoca esa revolución, inevitable para reintegrar a la maltrecha Cuba en el curso de la evolución de la Humanidad.

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