miércoles, 15 de agosto de 2012

El garrote comienza por la aduana

Por Alberto Olivares Núñez/ Colabora con Hablemos Press.


Guantánamo.- La publicación, en tabloide, de las “Normas aduaneras que todo pasajero debe conocer”, de la Aduana General de la República de Cuba es la mejor confesa prueba del garroterismo de Estado aplicado por la dictadura Castrista, en su ladronicio propósito de despojar, -hasta los últimos centavos- a quienes por distintas razones, motivaciones y modos arriban por las distintas terminales aéreas y portuarias encargadas de esquilmar, a cuanto viajero caiga en el cepo aduanal cubano. Tal es la desmedida usura aduanera impuesta por el régimen a todo viajero que, Cándido Fabré, uno de los cantores populares que más albanazas prodiga al Castrismo, denuncia en una de sus canciones, el descarado robo a que someten a las personas en esas filibusteras dependencias.

Quienes más afectados resultan de este impuesto gabelismpo aduanero son precisamente los cubanos residentes fuera del país o los que por trabajo viajan al exterior; quienes en su generalidad consiguen sus ahorros con extremos sacrificios y privaciones, en previsión de mejoras personales y ayudas a sus familiares residente en la cautiva nación insular.

Unos y otros, forzados a retornar por ligados sentimientos y contraídos compromisos son leoninamente compelidos a pagar una elevadísima tasa de impuestos, con lo que el régimen procura cubrir y atesorar lo que no es capaz de lograr productivamente; una miserable conducta hecha práctica cotidiana, aplicada por las aduanas en Cuba, consiste en quitar selectivas mercaderías, enseres y equipos aduciendo exceso de equipaje –ya pagados a las líneas transportadoras- o cualquier otra alegada restricción usurpativa.

Las altas tasas de impuestos, que en muchas de las veces supera el costo de los productos, y equipos en los originarios establecimientos donde fueron adquiridos; y el descarado saqueo de mercancías, a que son sometidas a las personas en las aduanas del país contrasta con el habitual contrabando oficial, de toda clase de mercadería destinadas a satisfacer las más exquisitas exigencias capitalistas de los Castros y selectos coligados amigos. Así, todo lo que en el exterior se compra para complacer los refinados gustos del vestir, el paladar o el buen vivir de la realeza Castrista entran sin ningún tipo de supervisión aduanera y pasan a engrosar las voluminosas cuentas contables del Estado, como gastos indirectos necesarios.

Pero la aduana no sólo cumple esa descrita función rapaz. La aduana en común acuerdo con los órganos de inteligencia tiene asignada la función de impedir la entrada a Cuba de cubanos o extranjeros que, sin haber cometido ningún delito o estar reclamados por alguna infracción, resultan arbitrariamente prohibidos ampararse de ese reconocido elemental derecho de reencuentro familiar o formal visita, que tienen todas las personas fuera de Cuba.

Es conocido en el exterior, como funcionarios y agentes de inteligencia asignados a las sedes diplomáticas en los distintos países se afanan en fotografiar cualquier demostración anticastrista o conocer de cualquier apoyo mostrado por los cubanos en políticas condenatorias al régimen, para luego poder utilizar esas informaciones recopiladas, como chantaje en sus propósitos de fuerza o para captar potenciales informantes, en aquellos que no quieren perder sus vínculos familiares.

Es necesario tener presente, en este tema, que miembros consulares y oficiales de inteligencia pertenecientes a las embajadas de Cuba en el mundo tienen la principal función de penetrar en todas las instancias del país donde están radicadas. La búsqueda y recolección de informaciones de interés activa o pasiva abarcan desde la cúpula de la estructura de poder hasta las fábricas y gremios.

Todo es penetrado con una inmensa red de colaborantes y presionados informadores por donde se conoce y obtienen valiosos informes del estado de opinión de funcionarios, trabajadores y ciudadanos, para luego conformar y diseñar el escenario sociopolítico de cada lugar, además de las tendencias de movimiento en cada situación presentada.

A la extensa red de agentes diseminados por todas partes, la penetración se nutre de captados simpatizantes generalmente agrupados en organizaciones sociales y ambientalistas- chantajeados cubanos y hasta las esposas de los ciudadanos, quienes aportan un extendido y valiosísimo banco de datos de toda la sociedad estudiada.

Uno de los métodos más abominables utilizados por la policía política en Cuba en confabulada actuación con las aduanas es dejar que esas seleccionadas personas catalogadas como adversas lleguen al país, y una vez en las terminales impedirles ingresar o al menos ver a los familiares que esperan; incluso, impedirles dejar entrar las mercancías y regalos que para los necesitados cubanos se traen.

En el argot popular son conocidas las aduanas cubanas como “La cueva de Alí Babá”, donde todos son expertos ladrones, en aducida referencia a la depredadora rapacidad de sus funcionarios y empleados; afanados cada día en robar, confiscar artículos tan diversos como ropas, calzados, computadoras y agregados, bisuterías, bienes en general; y hasta medicamentos.

Algo que no fue incluido ex profeso en las “Normas aduaneras que todo pasajero debe conocer”, al llegar a cualquier terminal aduanera en Cuba es el estar debidamente preparados para agasajar capitalistamente, a quienes primero le dan la bienvenida al país.

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