viernes, 31 de agosto de 2012

El ciudadano común


Por Ernesto Aquino/ Hablemos Press.


La Habana, 30 de agosto.- Para el hombre común, que vive atrapado entre la parálisis de una sociedad que no avanza y la ilusión de escapar -a través del túnel de la ilegalidad- hacia una prosperidad marginal que lo ayude a soportar las miserias cotidianas, todo resulta más fácil si pone a un lado su responsabilidad ciudadana y se limita a vivir su día a día como un fantasma.

El enfrentamiento con la ideología implicaría el abandono de sus actividades económicas ilícitas, y como consecuencia un mayor empobrecimiento de la vida para él y su familia; porque cualquier posición de contrarios que se asuma -con respecto al régimen cubano- debe tener como base una conducta moral que respalde las exigencias de los reclamos de justicia y respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales.

La tolerancia del régimen, con muchas ilegalidades y conductas antisociales, no es un recurso gratuito. El gobierno sabe lo frágil que se siente el ciudadano respecto a la ley. La permisividad es un grillete moral que comienza asumiendo todas nuestras deudas, y acaba apoderándose de todas nuestras ganancias y propiedades; y sobre todo, sujetando a servidumbre nuestra voluntad.

No resulta fácil, a quienes han vivido entre silencios cómplices y oscuridades culpables, romper la esclavitud de sus prisiones y dejarse abrazar por el inmenso resplandor de la honradez y el amor propio; aún para aquellos que saben que no hay sueño mejor que el de los hombres sin culpa.

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