jueves, 30 de agosto de 2012

Doble moneda, doble encanallamiento


Por Juan Carlos Linares/ Colabora con Hablemos Press.

La Habana.- Hacía días que él no paseaba en compañía de su familia. Las salidas se iban aplazando por un motivo u otro, o bien porque “el transporte público está muy malo”, o porque “el dinero lo utilizarían para arreglar esto, o comprar aquello”, y al final de mes la vida continuaba en apuros y la calderilla se gastaba, mas menos, en comida. Era hora de sacar a su esposa del envolvente trajín cotidiano en el hogar, y de ver a su pequeño hijo feliz, retozando entre los equipos de un parque infantil.
Una mañana, concretamente la del primer sábado de este mes de agosto, eligieron ir al Parque Lenin. Primero pasarían por una Casa de Cambio, o CADECA (para que se entienda mejor), para fraccionar un billete de cien pesos convertibles acabadito de cobrar, y de paso vender nos cuantos convertibles, pues la moneda nacional que iba en el bolsillo seguramente no alcanzaría para la excursión. Aquí la doble moneda parece ser una trampa más dentro de la arquitectura económica del régimen para hacer más difícil la vida de los cubanos.  
En la CADECA, no había nadie. ¡Qué raro! Con las colas que casi siempre hay allí en el portal de la calzada de Luyanó y Concha. El custodio no los dejó acercarse mucho, desde unos tres metros de distancia les avisó que “no tenían conexión”, en otras palabras, habían cerrado porque colapsó la red digital del sistema. A la pregunta de que si en el Parque Lenin existe una CADECA, el propio custodio le da una remota posibilidad por respuesta: “debe haber una”, mientras suspendía sus hombros en señal de dudas.
La familia se monta en un P-13, ómnibus que los llevará hasta el mismo parque. Durante el trayecto, tres pasajeros aplicaron la lógica del custodio, razonando que en el Parque Lenin debía haber una CADECA; Pero se equivocaron. Ya en el interior de la instalación recreativa, la familia caminó varios kilómetros –inútilmente- tratando de fraccionar el billete. Ningún establecimiento de los que operaban en pesos convertibles querían quedarse con el billete, todos los dependientes alegaban no contar con suficiente fondo para realizar el cambio.   
Tomaron otro ómnibus para el pueblo más cercano: Calabazar. Este poblado, cuenta con Tiendas de Recuperación de Divisa, y suficiente población que recibe remesas familiares desde el extranjero; sin embargo, no le han consignado ni siquiera una pequeña CADECA. Igualmente el vuelto del billete seguía siendo la gran dificultad. Subieron a otro ómnibus con destino al reparto Boyeros. Ahí, sí era seguro que encontrarían una CADECA. Y en efecto existe; pero, también se encontraba cerrada. Los empleados se habían marchado a sus casas porque tampoco contaron con conexión en toda la mañana. En una de las tiendas de por allí la familia pudo adquirir unas chucherías, y de esta forma lograron fraccionar el billete luego de cumplir con el requisito básico de presentar el carnet de identidad a la tendera para que anotara el nombre,  la dirección particular y el número de identidad del portador del billete.
Unos kilómetros más allá se vislumbraba el aeropuerto internacional José Martí. Con seguridad encontrarían una CADECA con vergüenza. Atravesaron por un atajo y salvaron la distancia de dos kilómetros, o quizás un poco menos. Entraron al interior del salón de espera, lo cual ya fue una bendición gracias al aire acondicionado. Se pararon frente al cristal donde se leía una tarja con la palabra CADECA y debajo, un anuncio pequeño donde se leía CERRADO. ¿El motivo?: Durante la mañana, tampoco por aquí apareció la cabrona conexión, y precisamente en ese momento los empleados iban a entrar en “conexión” con el almuerzo y regresarían pasadas las dos de la tarde.       
Sin haber solucionado el problema, de la venta de unos pesos convertibles, retornaron al leninismo del parque; obligados a pagar con pesos convertibles donde mayoritariamente se exige operar con pesos en moneda nacional. Luego de “matar”  allí lo que quedaba de la tarde pusieron fin a aquel doble paseo, con un doble agotamiento, por obra y gracia de la doble moneda.

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