jueves, 12 de julio de 2012

“La Hora de los Hornos”

Por Pedro Argüelles Morán/ Periodista Independiente.

Ciego de Avila.- Creo que a la altura del año 2012 se hace necesario, y hasta obligatorio, pensar y repensar a Cuba en clave del pensamiento Martiano, que es la guía espiritual por excelencia para todos los cubanos.
Y lo primero que debemos hacer es reconocer la responsabilidad que tenemos todos en el gran desastre  nacional que padecemos desde hace más de 5 décadas; pues, unos porque se fueron y abandonaron el campo de batalla al adversario -y de esta forma el castrismo pudo aplicar sus perversos experimentos sociales a la población cubana;
Otros, aunque se quedaron, se acomodaron a la oportuna simulación de lealtad al amo en jefe, y algunos porque se intoxicaron con la nefasta ideología Marxista-Leninista  y con el aberrante ensayo del castrismo. Otros  no encontraron las vías para huir y se quedaron, pero con los brazos fuertemente cruzados, y las bocas, los ojos y los oídos muy bien cerrados.
Otros porque fueron mal aconsejados por sus mayores cuando se hicieron de la vista gorda  para no buscarse problemas y unos porque cuando apareció el primer desacuerdo se sometieron a la “autocrítica” y se “inmolaron” en aras del “hombre  nuevo” que en realidad resultó ser un hombre abominable; otros porque rechazaron ciertos valores que eran “burgueses”, pues había que asumir los nuevos principios del “proletariado”.
La realidad resultó en una fatal desvalorización de la sociedad de la mayor de las Antillas.
Unos porque había que enterrar una vieja sociedad enferma y construir una flamante nueva sociedad que no fue otra cosa que “el mismo perro con diferente collar”, ya que en el llamado sistema capitalista había “ricos y pobres” y en el  cacareado régimen socialista hay “dirigentes y trabajadores”.
Pero los ricos y dirigentes viven en un fastuoso capitalismo de lujos, privilegios, prebendas y derroches sin límites de las riquezas nacionales, y los pobres y trabajadores malviven  en la asfixiante miseria material y espiritual generada por el régimen totalitario castrista.
En fin, unos permiten que les impongan vivir en la mentira, la traición y las cotidianas violaciones a los derechos humanos y libertades inherentes a la dignidad de la persona humana, mientras otros -como decía nuestro apóstol José Martí- “tienen en sí, el decoro de muchos hombres”,  porque no aceptan vivir si no es en la verdad, la libertad, la justicia y el amor, y enfrentan todos los riesgos y sacrificios que conlleva la lucha para lograr que se respete  la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Además, convencidos y comprometidos a desterrar para siempre los odios, los rencores, y las infames venganzas, y seguros de que no hay otras alternativas que la de continuar siempre adelante con la pacífica lucha civilista, hasta alcanzar la tan urgente y necesaria transición democrática hacia una nueva Cuba, donde impere la genuina reconciliación nacional en un auténtico Estado de derecho, y se haga realidad la máxima  Martiana de “con todos y para el bien de todo”.

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