jueves, 5 de julio de 2012

La bala que llegó para quedarse


Por Jorge Alberto Liriano/ Hablemos Press.

Camagüey, 4 de julio.- La anécdota que hoy describo, aunque parezca, no es obra de ficción. Rodolfo Hidalgo Romero, de 49 años de edad,  un preso cubano, quien lleva tres años luchando contra la muerte, portando en su pulmón izquierdo un proyectil de bala, al respecto basa su testimonio.

Denuncia Hidalgo, que en el año 2009, se vio involucrado en un enfrentamiento con efectivos de la Policía Nacional Revolucionaria, quienes vestidos de civil y sin previa identificación, dispararon sus armas de reglamento contra él, resultando impactado de bala en la parte izquierda del tórax, a solo unos 8 centímetros del corazón.

Describe que vecinos del lugar, le concedieron los primeros auxilios luego de quedar abandonado por los militares.

Por obra y gracia divina, dice el preso, sobrevivió luego de  varios meses internado en un centro hospitalario militar, donde lo mantenían aislado e incomunicado.

Hidalgo hoy se da cuenta que, en complicidad con las fuerzas policiales que estuvieron a punto de asesinarlo, los médicos que lo atendieron, dictaminaron no extraer la bala alojada en el pulmón con el pretexto que se ponía en riesgo su vida. Pero esa era la prueba testifical del crimen que había que ocultar, y donde mejor, que en el cuerpo de la víctima.

Condenado a vivir con la metralla en su organismo, a riesgo de futuras complicaciones, y como si no fuese suficiente; acusado por supuestos delito de Atentado, Encubrimiento y Extorción, la sala de los delitos contra la Seguridad del Estado, en el tribunal provincial de Camagüey, procedió a sancionarlo a dieciocho largos años de encierro, sin que se tuviera en cuenta y se hiciese la menor alusión, al vandálico crimen del que fuera objeto. Incluso, sin la presencia de las bestias, que abusando de sus autoridades intentaron asesinarlo y que hasta la actualidad permanecen impunes.

La bala que por lo visto llegó para quedarse oculta en el pulmón de este ser humano, mantiene su trayectoria letal y se empecina en quebrantar su vida.
Después de tres años, la ciencia rehúsa a hacerse cómplice. Mientras el preso sufre de dolores, desangramientos e infecciones permanentes en el sistema respiratorio.

La bala sigue alojada en el pulmón de Hidalgo, tal vez como una prueba irrebatible del carácter reaccionario, militarista y criminal del régimen en sus fuerzas represivas, o tal vez como la realidad que a diario echa por tierra la montaña de mentiras, con que el régimen y sus carniceros uniformados, pretenden justificar sus crímenes y acciones violatorias.     

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