martes, 26 de junio de 2012

Original modo de disuadir una riña


Por Juan Carlos Linares/ Colabora con Hablemos Press.


La Habana.- Saber utilizar la fuerza del adversario, en beneficio propio, es un principio básico de las artes marciales. Cuando se hace oposición a una dictadura totalitaria, utilizando su propia fuerza dictatorial en defensa de los derechos humanos, se hace arte cívico.

La dictadura -revolucionaria, socialista y castrista-, utiliza el miedo para coaccionar a los cubanos. Así, impone al mundo una imagen de concordia ciudadana. El miedo, cual fuerza poderosa, genera a su vez disímiles sentimientos negativos y bajas pasiones. Ejemplos sobran: recelos, envidias, autocensuras y hasta violencia coterránea, si no se tiene medios legales para organizarse y solucionar los conflictos de intereses.

Bajo esos signos dictatoriales ocurrió, en días pasados, una riña entre dos choferes de auto de alquiler particular (los llamados boteros). Luego de las ofensas verbales pasaron a la agresión física, y mientras uno empuñaba un machete, el otro se apoderó de un tubo de un metro de largo; y si la sangre no llegó al río fue gracias a Gerardo, un amigo de ambos, que intercedió oportunamente, utilizando ese miedo que los cubanos le tienen a la dictadura, es decir la propia fuerza de la dictadura.

Resulta que en muchas áreas de La Palma, en el municipio de Arroyo Naranjo, a los boteros les han prohibido el parqueo de sus taxis (los llamados almendrones). Según las autoridades locales, la negativa de parqueo es porque los vecinos se quejan del ruido y del humo de petróleo que causan los almendrones. Sin embargo, tampoco estipulan un área oficial para aparcar, y luego llega la patrulla imponiéndoles multas a trote y moche.

Ese día, uno de los boteros, involucrado en la riña, iba a parquear su almendrón de marcha atrás en un espacio libre, mientras que el otro por segundos menos se le adelantó parqueando de frente. ¿Metedura de pié? Quizás. Lo que aconteció seguidamente ya se sabe. Y fue cuando intervino Gerardo, interponiéndose entre los dos exaltados hombres y vociferando varias veces la frase disuasoria.

Los exaltados boteros reaccionaron -para bien- al raro llamado a la concordia. Bajaron sus armas y entraron a sus respectivos automóviles. Al parecer el mensaje sicológico, de “Gerardo el interventor”, activó el miedo a la dictadura y calmó las furias. Mensaje que igualmente llegó a los oídos de los curiosos que se aglomeraban allí sólo para ver una escena de violencia irracional, no para intentar superar su miedo a la dictadura.

Segundos más tarde el ambiente volvió a ser cotidiano, y aunque el miedo a la dictadura no es eterno, ni igual en todos los cubanos, hay que reconocer que tan original modo de disuadir una riña puede surtir efectos positivos.

La frase disuasoria repetida continuamente fue más o menos esta: “¡¡¡Carajo, con la que hay que fajarse es con la dictadura, no con nosotros mismo!!!” “¡¡¡Con la dictadura, carajo, no con nosotros!!!” “¡¡¡Entre nosotros no, con la dictadura!!!”…

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