viernes, 15 de junio de 2012

Guillermo Fariñas: Otra llama de la antorcha

Por Ernesto Aquino Montes/ Hablemos Press. La Habana.- Puede que no resulte fácil, para el equilibrio mental de un hombre inteligente y honesto, reconocer que alguna vez comprometió su honor con la indecencia y la crueldad de una ideología aborrecible; pero las grandes conversiones, son posibles gracias a la existencia de las grandes causas. El socialismo no tiene la capacidad para crear héroes, sino víctimas. Y el único gesto heroico que se puede esperar de un comunista es la traición. Para morir por la causa del totalitarismo, la criatura humana debe estar definitivamente perturbada, incapacitada para hacer uso de la razón y el sentido común. Cuando las convicciones se expresan a través de la histeria, la justicia muere a manos del fanatismo. Iniciar una huelga de hambre y sed, para exigir la liberación de 26 presos de conciencia en estado crítico de salud, y afirmar su disposición a morir si no se atiende su demanda, es una actitud que sólo puede asumir un hombre que está seguro que nunca tendrá que arrepentirse. Ese modo de ofrendar la vida no forma parte de la naturaleza de los que oprimen y matan. Es necesario dar un salto hacia la luz y ponerse, con todo el corazón, al lado de los buenos. Guillermo Fariñas eligió su camino: El camino de la libertad. La libertad de todos. Estoy seguro que él ama la vida; no la mezquina existencia miserable que se sienta a esperar -con la mano extendida- la piedad del verdugo; sino la plena, donde el respeto a los derechos no sea un preso de conciencia más mirando, con horror, cómo la muerte desempeña su rol de abogado de oficio. Una huelga de hambre y sed, es un martirio. Orlando Zapata Tamayo, lo supo. Guillermo Fariñas, lo sabe. Los que no aprueban ese método de lucha tienen el derecho de escoger otro; pero también, tienen el deber de respetar esa forma de sacrificio de los que tienen el valor de dar la vida. En nombre de los que saben morir, bajen la frente los que sólo saben callar; hagan silencio los que hablan de más. Y los que echamos a andar, ¡sigamos adelante!; porque pronto seremos más; porque después, seremos muchos; porque un día, ¡Seremos Todos!, y ese día, descansarán en paz los muertos sagrados de la Patria. Ese día enterraremos el odio y los fusiles, y vestiremos a Cuba de Libertad, Palomas y Gladiolos. Ya nada justifica que sigamos acumulando rabias y cansancios. Es cierto que parece locura reclamar nuestro legítimo derecho a la vida rindiendo nuestras fuerzas a la muerte; pero el precio de la libertad tiene sus dignidades, y donde unos consiguen soportar la ofensa, otros aprenden a vivir sin mancha.

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