viernes, 3 de diciembre de 2010

La destrucción de las playas naturales de La Habana


Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.
Fotografías del autor.

La Habana, 2 de diciembre.—Las playas del este de La Habana y particularmente la de Guanabo fueron arruinadas por la explotación irracional de su arena por el Gobierno con fines de construcción y por su abandono de la labor de conservación que requieren las playas.

En 20 años el mar devoró de 50 a 80 metros de costa avanzando hacia las construcciones, como testimonian fotografías y quienes antes acostumbraban a vacacionar allí.

En Guanabo, a 35 kilómetros de La Habana, es más visible la destrucción del medio ambiente por la contaminación extrema de la arena con escombros y piedras por la medida política de Fidel Castro en 1959- 60 de demoler la hilera de casas y hoteles más cercana al mar.

Una disposición prohibía construir a menos de 100 metros del mar y los propietarios la habían incumplido durante años de construcciones que convirtieron al pueblo de Guanabo en floreciente balneario para empleados con altos ingresos y la clase media - sectores numerosos en La Habana.

Castro decretó la demolición de esas propiedades y la antes fina arena quedó cubierta de escombros que las marejadas arrastraron. Los bañistas tropiezan con grandes trozos de mampostería y pisan piedras que el mar pulió como guijas de rio.

El hotel Puerto Antonio (Foto 1) era un edificio tan sólido que para demolerlo precisaron traer zapadores militares y dinamitarlo.

Muchas casas cercanas al mar que no fueron demolidas se derrumbaron con los años de abandono de su mantenimiento, contaminando más la playa y algunas habitaciones sin techo quedan en pie, ruinas con excrementos humanos.

Hasta los años 90 los bañistas veíamos a pocos cientos de metros de la costa en las playas de Santa María del Mar, Guanabo y Varadero el trabajo cotidiano de dragas que extraían arena de los bancos y colmaban patanas con ella, con destino a construcciones

Resultado de esta explotación es la destrucción del equilibrio de la naturaleza con daño de las playas que quedan desprotegidas sin esos bancos, barreras naturales que retenían la arena arrastrada por las corrientes y las distribuían conservando las playas.

En Santa María y en Varadero (Matanzas), menos en Guanabo, en los años 70, hasta los 80, era posible adentrarse cientos de metros en el mar caminando lejos de la costa, y, cuando se hacía más profundo, nadar hasta el primer banco de arena en que uno podía pararse de nuevo y vislumbrar a lo lejos un segundo banco y aun otro más lejano.

Hoy, casi desde la misma orilla hay profundidad y al dar unos pocos pasos no es posible permanecer en pie: El mar arrastra la arena y no la devuelve.

El Estado abandonó el trabajo de mantenimiento de las playas con moto-niveladoras que esparcían la arena y otros equipos que la rastrillaban:

El mar, sobre todo con las marejadas de los frentes fríos - "los nortes" - empuja y acumula la arena más allá de la línea de la costa en dunas sobre las que crecen plantas rastreras que las retienen y así la costa retrocede y el mar avanza.

En Santa María, playa virgen a fines de los años 50 en que comenzaron las construcciones, Fidel Castro ordenó en los 60 plantar bosques de pinos - en realidad casuarinas - cuyas hojas al mezclarse con la arena formaban tierra. Los talaron a fines de los 80.

El bosque tenía finalidad militar para la defensa en caso de desembarco norteamericano: mientras dejaba derrumbarse los clubes y locales de taquillas, Castro construyó una línea de casamatas de hormigón con troneras apuntando al mar.

Las inútiles casamatas fundadas sobre la arena hoy están volcadas como cubos con que jugara un niño gigante; a una la bate el mar.

Boca ciega es un rio, mero desaguadero, que marca la frontera entre Santa María y Guanabo, debe su nombre a que la acumulación de arena obstruía la boca del rio de poco caudal.

En este rio, cerca de la boca, a fines de los 50 empezaron a construir un hotel sobre pilotes, obra que abandonaron por dificultad constructiva y que en los 90 Castro retomó a lo grande en pleno delirio del turismo por dólares.

Obstruido el curso del rio con esa construcción, la crecida del Boca Ciega por un huracán provocó que el rio se abriera una nueva salida al mar con daños para construcciones y para la playa.

El Estado suspendió la extracción de arena - apenas construye - pero carece de política para contener esta erosión de las playas. Excepto con rompeolas en Varadero, que le interesa para el turismo extranjero.

El avance del mar amenaza a edificios, pero no más que 50 años de abandono de su mantenimiento.

El desastre social que significa la Dictadura destruyó en medio siglo lo que la naturaleza construyó en cientos de miles de años, un paraíso para vacacionistas habaneros que, fomentado en los años 40, en la década de los 50 fue fuente de prosperidad y empleo.

2 comentarios:

Aurelio Martinez dijo...

He visto mientras crecia la destruccion de mi guanabo querido cumo el resto de nuestro pais IMPERDONABLE

Aurelio Martinez dijo...

He visto mientras crecia la destruccion de mi guanabo querido cumo el resto de nuestro pais IMPERDONABLE

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